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A través de Manifiestos precedentes hemos ido viendo cómo se configura el camino a la servidumbre generalizada por deuda en nuestra sociedad. En concreto:
- Butanito, necesitado por sus bajos ingresos, engañado por el banco, azuzado por la propaganda oficial e ignorante de lo que se avecinaba, se endeudó bien por encima de lo recomendable y el servicio de la deuda le impide ahorrar, con lo cual no tiene dinero en su cuenta corriente.
- Debido a la crisis pierde su trabajo, hecho facilitado por las reformas laborales. Como consecuencia del desmantelamiento de la protección social, la indemnización por despido es baja y el paro dura poco. Pero Butanito tiene que seguir pagando su deuda, así que tiene que encontrar trabajo y pronto.
- Mientras busca trabajo se topa de bruces con otro efecto de las reformas laborales y las políticas de deflación competitiva: solo lo halla en peores condiciones que antes, con menos sueldo y más jornada laboral de hecho. Pero tiene que seguir pagando su deuda y no tiene ahorros, así que el asunto le azuza. No puede decir no.
- Nuestro querido Butanito se ve obligado a aceptar un trabajo en condiciones serviles y que además no puede perder. Posteriormente con motivo de las políticas de deflación competitiva le bajan el magro sueldo, así que el peso de su deuda aumenta. Y ya de paso le dicen que hay que venir a trabajar los sábados por la mañana. Por el mismo sueldo, por supuesto.
- Dados sus condicionantes personales, Butanito no puede perder esta mierda de trabajo, así que ni hablar de ponerse en huelga, sindicarse o protestar ahora que el despido es libre y gratuito. Tiene que aceptar las indignas condiciones y callarse.
- Butanito queda ligado a su empresario en las condiciones que él dicte (por supuesto cada vez peores) por medio de unas cadenas pesadas, invisibles, duraderas y, paradójicamente, proporcionadas por terceros: su deuda combinada con la falta de protección social.
He aquí claro y meridiano el camino a la servidumbre por deuda. El trabajador se ve obligado a aceptar lo que le echen con tal de no perder su hilo de ingresos, pues la alternativa es la confiscación de todos sus bienes y pasar directamente a la exclusión social en el caso de que no tenga familiares o amigos que puedan ofrecerle gratis un techo. De esta forma la vinculación de los trabajadores a su deuda viene a sustituir en los tiempos modernos el vínculo de la propiedad directa en el caso de la esclavitud o el vasallaje en el caso de la servidumbre medieval. Es un vínculo no repudiable que obliga a trabajar en las condiciones que imponga amo, señor o empresario.
Tanto en el caso de la servidumbre medieval como en el de la esclavitud, violentar el vínculo proporcionaba argumentos legales para proceder a la caza y sojuzgamiento del revoltoso por medios violentos. Igual sucede con la servidumbre por deudas, pues del mismo modo que la discriminación por motivos económicos analizada en un Manifiesto anterior, la servidumbre por deudas está socialmente aceptada y bien respaldada por nuestro sistema legal y coercitivo.
Dejar de pagar una deuda a un banco es uno de los crímenes más horrendos que puedan cometerse en nuestra sociedad y está castigado con la exclusión social y la confiscación de bienes. Es lógico, pues dicha actitud constituye una amenaza directa a la columna vertebral del sistema. Existen para los morosos penalizaciones que ni siquiera se plantean para otros delitos.
Por ejemplo no existen circunstancias atenuantes. Si no puedes pagar, eres culpable sin importar cómo hayas llegado a esa situación. El concepto de deuda odiosa solo existe sobre el papel y jamás se aplica en una sentencia judicial. Poca importancia tiene que el deudor haya llegado al impago por causas totalmente ajenas a su voluntad. Poco importa que el deudor haya llegado al impago porque tenga antes que satisfacer sus necesidades vitales básicas.
Como todos sabemos el trabajo es un derecho. La Constitución Española reconoce el derecho al trabajo. Por lo tanto cuando el sistema económico expulsa del mercado laboral a una persona y se niega a readmitirlo en él manteniéndola en el paro, se están conculcando los derechos de dicha persona. Que una persona haya llegado a una situación de morosidad debido a que han sido conculcados sus derechos tiene poca importancia. No puede pagar, luego es culpable y se le confiscan sus propiedades.
Aquel que deba dinero a una gran empresa privada (aquí se incluyen los bancos) será incluido en una lista negra que circula entre ellas. Ningún otro delito tiene listas negras como lo tiene la morosidad y, si se propusiesen, sería escandaloso. Sin embargo a todo el mundo le parece muy normal que haya listas de morosos. Quien sea incluído en estas listas negras no podrá contratar Internet o una línea telefónica; tampoco podrá obtener un crédito, no podrá comprar a plazos y le será más difícil encontrar un trabajo; todo ello por no haber podido afrontar una deuda en su pasado quizá porque otra empresa privada le privó de su empleo o porque un banco le concedió un préstamo fraudulento. Dejar de pagar una deuda a una gran empresa privada marca más en nuestra sociedad que haber cometido una violación o un asesinato.
Asimismo las deudas pueden pasar de padres a hijos o de marido a mujer y todo el mundo lo ve muy normal. Transferir a familiares o amigos la pena por el delito cometido no es precisamente algo ajeno a la Historia, pero pertenece a otras edades. En tiempos de guerra también son comunes las fórmulas de extensión del castigo a terceros (véase el Caso Lídice).
La deuda no solo es necesaria para que el capitalismo funcione, puesto que como ya hemos repetido muchas veces es el negocio de los bancos. Es además un instrumento para controlar a la población y evitar cualquier cambio. Es fundamental tener muy presente que la deuda no es solo riqueza de unos y pobreza de otros. Es también poder. En el momento en el que alguien se endeuda, el acreedor adquiere poder sobre el deudor. En la sociedad actual endeudarse en las condiciones que impone la legislación vigente y en el ambiente económico imperante es vender el alma al diablo, perder la independencia y someterse a la voluntad de quienes tanto mal han hecho.
Hace años vi un documental cuyo título o autor no recuerdo. Me viene a la mente porque al principio y en pocos minutos explicaba brillantemente el camino a la servidumbre por deudas en Estados Unidos. Allí el proceso es más perfecto y comienza antes, ya que para acceder a la carísima Universidad generalmente los hijos de la clase obrera piden créditos para estudios al banco, al tiempo que compaginan dichos estudios vendiendo barata su fuerza de trabajo en una cadena de comida rápida o similar. De esta forma cuando terminan su carrera y comienzan a trabajar ya están endeudados y la devolución de dicha deuda pesa sobre ellos. A continuación se endeudarán para adquirir vivienda y, por supuesto, coche (en Estados Unidos el uso del transporte público está aún menos extendido que en Europa). Si a esto le sumamos que con el trabajo se pierde el derecho a la asistencia sanitaria, que no existe protección contra el desempleo, que en caso de huelga no es nada descabellado que puedan echarte y que la sindicación es muy baja, hay realmente que ser muy valiente para arriesgarse a participar en una protesta, huelga, concentración, sentada o acción similar que pueda ponerte en el punto de mira de la dirección de la empresa o la policía. Trabajarás en las condiciones que sean y bien calladito, pues tienes que devolver tu deuda y necesitas asistencia sanitaria.
Ni que decir tiene que este modelo es el espejo en el que se miran las élites económicas europeas.
¡Bienvenidos a un capitalismo que, como antaño, vuelve a mostrarse sin complejos!
- Temperaturas - máx: 18º C; mín: 11º C; actual: 16º C.
- Sensación térmica: 16º C.
- Precipitación: 6 mm.
- Estado actual: lluvia débil.
- Crepúsculos - orto: 05:03; ocaso: 21:43; variación: -3:58.
Iván Victorovich.


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