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Yo al principio creía que el tráfico en esta ciudad era bastante moderado, pero un día que acudí tarde al trabajo y otro que volví antes de tiempo comprobé que no es así; a ciertas horas hay bastante colapso. Lo que ocurre es que, desgraciadamente, cuando salgo para el curro aún no ha llegado la hora punta y cuando vuelvo ya ha pasado. Sin embargo una cosa curiosa es que en solo una hora se puede pasar del tráfico muy congestionado a la vía libre, cosa que ocurre por ejemplo entre las 18:00 y las 19:00.
Nada que ver en todo caso con los insoportables atascos cataríes, ya que en Vilna, al contrario que en Doha, hay transporte público que consta de taxis, autobuses y trolebuses. Todas las calles principales están sobrevoladas por las catenarias de los trolebuses y de vez en cuando te sobresaltan los chispazos que sueltan los troles cuando hacen un mal contacto con ellas.
Se me ocurren a bote pronto dos ventajas para un servicio de trolebuses respecto de uno de autobuses: al ser eléctricos, ni contaminan la ciudad, ni tienen que repostar; es por esto último que puede ser que salgan más económicos, si bien esto depende del precio de la electricidad más los costes de instalación y mantenimiento de las catenarias y sus centros de fuerza. Por otro lado una desventaja evidente es la menor flexibilidad del servicio, pues únicamente pueden pasar por calles dotadas de catenarias, aunque la capacidad de cimbreo del trole les permite cambiar de carril.
En cuanto a los taxis hay un montón de empresas que se diferencian por el color del coche y cuyos precios son diferentes, como en La Habana o Teherán. Se da una circunstancia que asombrará a más de uno pero que he confirmado: sale bastante más barato llamarlos por teléfono que cogerlos en la calle. Según me han comentado son bastante económicos pero aplican todas las medidas de precaución habituales cuando coges un taxi en el extranjero. No cobran por tiempo, sino por kilómetros, así que corren todo lo que pueden y tratarán de dar un rodeo.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.
Iván Victorovich.
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