Creo que ya es hora de dedicar algunas líneas a esa parte tan importante de la experiencia en un país que es su oferta gastronómica, incluyéndose aquí tanto la autóctona como la alóctona.
Para empezar no puedo dejar de comentar que todo el que venga a Vilna quedará encantado y a la vez sorprendido por la abundancia de restaurantes que jalonan el casco antiguo de la ciudad, comparable en número perfectamente al de una ciudad española importante cualquiera. Existe en todo caso una diferencia fundamental: si en España la mayor parte de los restaurantes apuestan por la sencillez y el plato del día, en Vilna generalmente es el menú, la decoración o ambientación bien cuidadas y los platos elaborados lo que prima. Debo decir que hasta ahora nunca he salido de un restaurante con sensación de haber comido mal.
A pesar de lo dicho los precios en general son muy asequibles. A no ser que añadas vino a la comida lo lógico es que un entrante más un plato principal y postre, lo cual debería resultar en una buena pitanza, no sobrepase las 50-60 litas por cabeza (14-18 euros). Esto en el centro de Vilna en restaurantes que para los estándares locales sin duda son buenos. Locales menos céntricos orientados a un público exclusivamente lituano pueden salir por unas 25-30 litas (7-9 euros).
| Nada mejor que un monumento al plátano para ilustrar un manifiesto tan jugoso. Su ubicación en medio del cementerio de Antakalnio añade un irresistible punto de originalidad. |
Cabe destacar que muchos de los establecimientos tienen terraza de verano, así que es perfectamente posible comer al aire libre durante buena parte del año y de hecho es el modo preferido de los aborígenes en cuanto el tiempo lo permite. La querencia por comer al raso es muy fuerte en este país, así que en muchas terrazas ofrecen mantas y estufas para el caso de que la temperatura ambiente no sea del todo amigable. Consecuentemente las terrazas funcionan desde tan pronto como abril hasta tan tarde como octubre. En general las mejores están situadas en patios interiores (muy habituales) o calles recogidas, con lo cual la comida se desarrolla sin tráfico rodado a la vista y en un entorno acogedor. Las visitas que he recibido podrán confirmar que la mayor parte de las cenas y comidas que disfrutamos fueron al aire libre y que el par de tormentas que nos sorprendieron en tamaña tesitura no supusieron problema alguno debido a los convenientes toldos que protegen al comensal de la lluvia o el dañino sol.
Por supuesto la oferta gastronómica es internacional; hasta ahora he tenido el placer de visitar un griego, un francés, dos italianos, un mexicano, un par de japoneses, un tailandés, un chino, un karaita, algún lituanio y un belga, si bien he visto de muchas otras nacionalidades. Puedo confirmar que aparte de los citados existe al menos algún restaurante alemán, coreano, uzbeko, georgiano, hindú, rumano de los Cárpatos, brasileño, argentino, inglés (¿?) y vegetariano, sin que hasta ahora haya sido capaz de encontrar dónde carajo está Vegetonia. Para mi sorpresa incluso existe un restaurante español, con lo cual en este caso hemos salido perdiendo en nuestra particular pugna con Portugal por ser los únicos países de Europa que nunca tienen restaurantes en el extranjero. En todo caso los sitios que más frecuento no tienen apellido gentilicio y ofrecen una carta internacional con influencias locales.
- Temperaturas - máx: 24º C; mín: 14º C; actual: 19º C.
- Sensación térmica: 19º C.
- Precipitación: 0 mm.
- Estado actual: despejado.
- Crepúsculos - orto: 05:34; ocaso: 21:05; variación: -4:15.
Iván Victorovich.
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