Las temperaturas nocturnas se quedan en bastantes ocasiones por encima de los cero grados y ya no hay heladas diurnas desde hace una quincena, en los prados se notan ya los brotes verdes de la economía, perdón, quiero decir de las nuevas herbáceas creciendo entre los cadáveres amarillo-marrones de la generación anterior, en los árboles se distinguen ya claramente las yemas que pronto explotarán en verdes hojas, la nieve cuajada en el suelo es un recuerdo lejano y el hielo de los lagos ha pasado del blanco al gris y ahora al azul marino, prueba de que está a punto de romperse, lo cual seguramente ocurrirá la semana que viene. Hace ya diez días que no se ven pescadores sobre la superficie helada y en las orillas ya se observan parches líquidos. No hay duda: el invierno se ha retirado de Lituania y son ahora las garras de la primavera quienes se han hincado con fuerza en su suelo.
Llega el inevitable momento de hacer balance del invierno pasado y, como no, de hacer comparaciones con los anteriores o, mejor dicho, con el anterior, ya que de sobra es conocido que mi experiencia lituana no abarca más allá.
Este invierno se puede resumir con tres adjetivos, dos adverbios y una conjunción: extraordinariamente corto, poco nivoso e intenso. Estas sensaciones están contrastadas con la opinión de varios aborígenes. Por contraposición el invierno pasado fue largo, moderado y normal en cuanto a nivosidad, si bien esta última normalidad se repartió desigualmente entre un diciembre mucho más nivoso de lo habitual y un enero y febrero por debajo de la media. En resumen: salvando diciembre de 2010 me han tocado dos inviernos con poca nieve incluso para los magros estándares locales.
Realmente del invierno que acaba lo único destacable en el terreno positivo fue la ola de frío seco que hubo entre finales de enero y mediados de febrero. El resto se olvidará rápidamente. Por la parte negativa destaca, aparte de la poquísima nieve, su muy tardío comienzo: el día de Reyes no había en Lituania nieve cuajada en el suelo, algo completamente inusual.
No me voy a extender con plomizas descripciones; unos gráficos valen más que mil palabras y espantarán la subjetividad que siempre impregna las sensaciones meteorológicas.
Este invierno se puede resumir con tres adjetivos, dos adverbios y una conjunción: extraordinariamente corto, poco nivoso e intenso. Estas sensaciones están contrastadas con la opinión de varios aborígenes. Por contraposición el invierno pasado fue largo, moderado y normal en cuanto a nivosidad, si bien esta última normalidad se repartió desigualmente entre un diciembre mucho más nivoso de lo habitual y un enero y febrero por debajo de la media. En resumen: salvando diciembre de 2010 me han tocado dos inviernos con poca nieve incluso para los magros estándares locales.
Realmente del invierno que acaba lo único destacable en el terreno positivo fue la ola de frío seco que hubo entre finales de enero y mediados de febrero. El resto se olvidará rápidamente. Por la parte negativa destaca, aparte de la poquísima nieve, su muy tardío comienzo: el día de Reyes no había en Lituania nieve cuajada en el suelo, algo completamente inusual.
No me voy a extender con plomizas descripciones; unos gráficos valen más que mil palabras y espantarán la subjetividad que siempre impregna las sensaciones meteorológicas.
- Temperaturas - máx: 1º C; mín: 0º C; actual: 1º C.
- Sensación térmica: -2º C.
- Precipitación: 3 mm.
- Estado actual: nublado.
- Crepúsculos - orto: 06:16; ocaso: 20:30; variación: +4:25.
Iván Victorovich.



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