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Aquellos que me conocen sabrán que mi arte preferido es la arquitectura, tanto presente, como pasada y también futura, ya que de entre todos los artes es ella quien con más contundencia se puede adelantar a los tiempos que corren. Disfruto notablemente visitando edificios singulares, ya sean catedrales, aeropuertos, museos o las ruinas de una ciudad perdida. En este último caso con la imaginación levantaré de nuevo sus muros y reconstruiré las calles mientras trato de adivinar el uso de cada rincón y cada estancia. Nada más emotivo que pasear las calles de antiguas civilizaciones.
Pues bien, hace pocas semanas leí en la edición digital de uno de los medios de persuasión españoles acerca de la publicación de un libro de un tal Frédéric Chaubin titulado igual que este Manifiesto. Dicho libro es un reportaje fotográfico sobre edificios singulares erigidos en la Unión Soviética entre los años 70 y 90 del siglo pasado, muchos de ellos poco o nada conocidos.
Supongo que habréis imaginado que ese mismo día entré en la página web de Taschen y lo compré. Este viernes lo recibí en casa.
Como no podía ser de otra manera quedé maravillado con las cosas que en él he visto. En total se fotrografían 99 construcciones entre edificios, conjuntos de edificios y monumentos distribuidos por 14 de las 15 repúblicas que formaron la Unión Soviética (se queda en blanco Turkmenistán).
No todas las construcciones reciben el mismo trato; algunas se despachan con una solitaria foto, mientras que otras ocupan hasta 12 páginas del libro. Muchos de los edificios me han parecido magníficos. También hay otros que de haber pasado por delante no hubieran captado la atención de mi objetivo y supongo que su interés residirá en cualidades no evidentes para un aficionadillo o simplemente el gusto del autor.
Palacio de Deportes y Conciertos de Vilna. Sin llegar al abandono (salvo un par de ellos) evidencian desuso y mantenimiento inadecuado. Cuando miras las fotos de estas joyas arquitectónicas ubicadas en países que hoy en día no sabrían construirlas, no son capaces de darles uso o no pueden mantenerlas, te embarga una sensación de profunda tristeza, pues te topas de bruces con la catástrofe que para esos estados supuso la derrota de la Unión Soviética.
Pensad en las personas corrientes que allí viven.
Centrándome exclusivamente en el aspecto tecnológico: antes eran ciudadanos del país que primero envió un satélite a la órbita terrestre, una sonda a la luna, una sonda a otro planeta y un hombre al espacio; ahora son... Uzbekistán. Antes eran ciudadanos de un país que con su propia tecnología podía construir centrales nucleares, rompehielos atómicos, radiotelescopios gigantes, estaciones espaciales y ekranoplanos clase Lun; ahora son... Tayikistán. Antes eran ciudadanos del país que con sus misiles nucleares montados en submarinos clase Akula contenía el Imperio estadounidense; ahora son... Georgia. Antes eran ciudadanos del país que planificaba y construía a cuenta del Estado los edificios que salen en el libro que da nombre a este Manifiesto; ahora son... Moldavia.
Rusia, Ukrania, Bielorrusia... Estas repúblicas por cuestiones de desarrollo, tamaño, población o ubicación geográfica siguen siendo piezas a tener en cuenta en el mundo de hoy. Sin embargo para los ciudadanos de las repúblicas soviéticas menores, más apartadas o menos desarrolladas, la desaparición de la URSS significó la caída en un pozo sin fondo. Cuando estudias los hermosos edificios que salen en este libro con su inconfundible impronta soviética, su ubicación incomprensible sin conocimiento de la historia reciente, el propósito no menos sorprendente de algunos y la falta de mantenimiento ensombreciendo sus fachadas, entonces te salta directamente al alma la sensación descrita en los párrafos anteriores. Son como testigos mudos de una civilización perdida.
No todas las construcciones reciben el mismo trato; algunas se despachan con una solitaria foto, mientras que otras ocupan hasta 12 páginas del libro. Muchos de los edificios me han parecido magníficos. También hay otros que de haber pasado por delante no hubieran captado la atención de mi objetivo y supongo que su interés residirá en cualidades no evidentes para un aficionadillo o simplemente el gusto del autor.
Palacio de Deportes y Conciertos de Vilna. Sin llegar al abandono (salvo un par de ellos) evidencian desuso y mantenimiento inadecuado. Cuando miras las fotos de estas joyas arquitectónicas ubicadas en países que hoy en día no sabrían construirlas, no son capaces de darles uso o no pueden mantenerlas, te embarga una sensación de profunda tristeza, pues te topas de bruces con la catástrofe que para esos estados supuso la derrota de la Unión Soviética.
Pensad en las personas corrientes que allí viven.
Centrándome exclusivamente en el aspecto tecnológico: antes eran ciudadanos del país que primero envió un satélite a la órbita terrestre, una sonda a la luna, una sonda a otro planeta y un hombre al espacio; ahora son... Uzbekistán. Antes eran ciudadanos de un país que con su propia tecnología podía construir centrales nucleares, rompehielos atómicos, radiotelescopios gigantes, estaciones espaciales y ekranoplanos clase Lun; ahora son... Tayikistán. Antes eran ciudadanos del país que con sus misiles nucleares montados en submarinos clase Akula contenía el Imperio estadounidense; ahora son... Georgia. Antes eran ciudadanos del país que planificaba y construía a cuenta del Estado los edificios que salen en el libro que da nombre a este Manifiesto; ahora son... Moldavia.
Rusia, Ukrania, Bielorrusia... Estas repúblicas por cuestiones de desarrollo, tamaño, población o ubicación geográfica siguen siendo piezas a tener en cuenta en el mundo de hoy. Sin embargo para los ciudadanos de las repúblicas soviéticas menores, más apartadas o menos desarrolladas, la desaparición de la URSS significó la caída en un pozo sin fondo. Cuando estudias los hermosos edificios que salen en este libro con su inconfundible impronta soviética, su ubicación incomprensible sin conocimiento de la historia reciente, el propósito no menos sorprendente de algunos y la falta de mantenimiento ensombreciendo sus fachadas, entonces te salta directamente al alma la sensación descrita en los párrafos anteriores. Son como testigos mudos de una civilización perdida.
- Temperaturas - máx: 22º C; mín: 15º C; actual: 20º C.
- Sensación térmica: 20º C.
- Precipitación: 4 mm.
- Estado actual: muy nuboso.
- Crepúsculos - orto: 03:54; ocaso: 22:51; variación: -1:37.
Iván Victorovich.

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