sábado, 7 de julio de 2012

PROTECCIÓN SOCIAL Y PODER EMPRESARIAL.

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Paralelamente al creciente endeudamiento de la sociedad se han ido desmantelando las frágiles e incipientes estructuras de protección social existentes en España. A este respecto quizás fueron 1984-1985 los años en los que las legislaciones laboral y fiscal alcanzaron su mayor grado de desarrollo progresista, aprobadas sobre todo y paradójicamente por la UCD y durante la transición, por estar entonces espoleada la derecha por el miedo a una izquierda fuerte en la oposición y un saludable movimiento sindical y obrero. Los dos primeros años de gobierno del partido supuestamente socialista y obrero también vieron la aprobación de diversas leyes progresistas, si bien muy lejos de las anunciadas en su programa electoral. Desde entonces, como todos sabemos, el PSOE del infausto Felipe González se dedicó a un desmantelamiento de lo conseguido que no ha cesado desde entonces y a cuyo inicio no se hubiera atrevido la derecha de la época so pena de costoso e intenso conflicto social. A su gobierno le debemos la desarticulación del tejido social combativo español, adormecido primero en la confianza de estar representado en el poder y decepcionado después ante la supuesta evidencia de que la supuesta izquierda no se diferenciaba demasiado de la derecha, quedando así desmontada su lucha y herido de muerte el interés ciudadano por la política. La primera reforma regresiva sustancial del IRPF tuvo lugar tan pronto como en 1988 y estuvo acompañada de la primera gran reforma laboral altamente perjudicial para los trabajadores, no por casualidad, sino porque una reforma regresiva de los impuestos equivale a disminuir la protección social, pues ello llegará inevitablemente a continuación.

En todo caso... ¿por qué nuestra oligarquía está tan interesada en que se desmonte la protección social?

Pues en primer lugar porque en buena parte la financian ellos, y aquí radica el primer fundamento que tienen para desear su desaparición. Con los impuestos que pagan gente como los March, los Urquijo, los Botín, los Areces, los Oriol y similares (o deberían pagar, ya que son quienes más evaden) se cubren cientos de miles de prestaciones por desempleo, miles de camas de hospitales, decenas de miles de plazas escolares y etcétera. La desaparición de estos servicios eliminaría la cantidad de dinero que tienen que destinar a subvencionar unas coberturas sociales de las que ellos no son beneficiarios en ningún caso, pues nadie se imagina a los hijos de Florentino Pérez acudiendo a una escuela pública, haciendo cola en un consultorio de barrio o solicitando la prestación por desempleo.

Adicionalmente el hueco dejado por la desaparición de tales servicios sería ocupado de forma imperfecta y parcial por empresas privadas que los ofrecerán a quienes puedan pagarlos dejando de propina un beneficio económico (pues no olvidemos que este y no otro es el objetivo único de una empresa privada), empresas que directa o indirectamente estarán controladas o participadas por las mismas familias de siempre y de cuyos beneficios sacarán tajada.

En segundo lugar encontramos por supuesto los motivos ideológicos. Esta gente es malvada (por muy literario que suene, el término es exactamente ese) y cree en el darwinismo social. Son convencidos defensores de ese cuento chino según el cual con duro trabajo y sacrificio se puede salir adelante y progresar en esta vida, historieta que es piedra angular de la propaganda de nuestro sistema económico (en este otro Manifiesto y los tres siguientes desarrollé y ejemplifiqué este tema a partir de algo que ocurrió en Lituania). Para ellos, los pobres son pobres porque son vagos y maleantes y se lo merecen y los ricos son ricos porque son trabajadores y virtuosos y también se lo merecen. Consideran por lo tanto que la cobertura social es dinero tirado en premiar la vagancia y la dejadez, que con ella se promocionan tales vicios y que se interfiere en el funcionamiento óptimo de la sociedad, que ya se sabe que cuanto más "desregulada" en el sentido de favorecer la ley del más fuerte, mejor. ¿Por qué habría de favorecerse otra Ley si los más fuertes son ellos?

También creen o dicen creer en otra fantasía: que la contratación laboral es un ejercicio de libre negociación entre dos partes y que por lo tanto toda la legislación que la regula es una interferencia en dicha negociación que la aleja de su resultado óptimo al favorecer a una de las partes (los trabajadores). Por supuesto el hecho de que la parte contratada necesite trabajar para vivir y la parte contratante no necesite en absoluto a ese trabajador en particular parece carecer para ellos de la más mínima importancia. Una de las bases de toda negociación exitosa es hacer creer al contario que dispones de alternativas factibles. En un ambiente de sobreoferta de trabajadores (alto paro)... ¿qué Ases puede exhibir el aspirante? ¿Qué no le gusta? ¿Qué le parece inaceptable? ¡Hay otros diez esperando fuera y alguno habrá que esté más desesperado!

La principal arma que tienen los trabajadores contra esta desigualdad estructural es la negociación colectiva, vía convenios y sindicatos. En caso de tomadura de pelo, los trabajadores colectivamente toman acciones para defender sus derechos, como ir a la huelga. Por eso los empresarios promueven activamente el debilitamiento de ambos. Su desaparición empujaría muy a la baja los salarios y las condiciones laborales, al convertirse su negociación en un tú a tú donde una de las partes acude con las manos vacías y la otra empuña una pistola. Con esto no me estoy desviando del tema, pues protección social no es sólo ayudas y servicios sociales, sino también las leyes y estructuras que protegen al más débil (los trabajadores) de los más fuertes (las familias de grandes empresarios, financieros y terratenientes).

Avanzando un paso más sobre lo dicho en los párrafos anteriores encontramos el tercer motivo por el que estos personajes desean la desaparición de la protección social del Estado, el que menos se menciona y quizás el más importante. Este motivo es el poder. La cuestión está muy clara: ¿Qué trabajador estará más dispuesto a aceptar unas condiciones de trabajo miserables?

Caso A - Un trabajador sin deudas que vive en un país donde, si es despedido, tendrá una cobertura por desempleo digna, mantendrá su derecho a la asistencia sanitaria y escolar, recibirá una cuantiosa indemnización y tendrá cobertura legal en caso de improcedencia para volver al mismo puesto de trabajo. Adicionalmente su sueldo digno le ha permitido ahorrar, así que incluso si algo de lo anterior faltase tiene un colchón para sobrevivir una temporada.

Caso B - Un trabajador endeudado que vive en un país donde, si es despedido, no tendrá cobertura por desempleo, perderá su derecho a asistencia sanitaria, tendrá que pagar el colegio de sus hijos y no recibirá indemnización alguna ni tendrá posibilidad de volver a su trabajo aún en caso de improcedencia. Además, su sueldo miserable y sus deudas le han impedido ahorrar, con lo que no tiene bolsa alguna de supervivencia.

Está claro: la desaparición de la cobertura social del Estado conjugada con el insoportable endeudamiento mencionado en Manifiestos anteriores confiere a las empresas un enorme poder sobre el trabajador. Este deberá aguantar carros y carretas con el fin de conservar un sub-empleo del que dependen él y su familia y que en caso de pérdida lo dejará totalmente desamparado, desprotegido ante las enfermedades, sin vivienda e incapaz de escolarizar a sus hijos.

Es importante comprender que la disminución de la protección social ofrecida por el Estado empuja los salarios a la baja, porque el trabajador aceptará cada vez peores condiciones de trabajo y su ya mínima capacidad de negociación ante la empresa privada quedará reducida a la nada. Por lo tanto la desprotección social y los salarios bajos suelen ir de la mano.

Estas eran las condiciones de trabajo en el Siglo XIX y principios del XX, hacia donde retrocedemos con paso firme.
  • Temperaturas - máx: 29º C; mín: 19º C; actual: 29º C.
  • Sensación térmica: 31º C.
  • Precipitación: 0 mm.
  • Estado actual: nuboso.
  • Crepúsculos - orto: 03:58; ocaso: 22:48; variación: -1:55.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Iván Victorovich.

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