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En cada momento histórico los prósperos ladrones de tendidos eléctricos lituanos se vieron representados en una u otra figura propia del momento.
¿Qué indianos volvieron cargados de dinero de las Américas? Pues aquellos a los que mejor se les dio esclavizar a los indios o los negros que venían de África. ¿Qué granjeros progresaron más allá de lo decible en Estados Unidos? Aquellos que no dudaron en asesinar a la familia del lote contiguo para quedarse con él o a la tribu de indios que habitaba esa tierra. ¿Qué terratenientes concentraron más poder en el Siglo XVI? Aquellos que tuvieron más éxito apropiándose de las tierras comunales de los burgos, las de los campesinos libres o las de la pequeña nobleza. Y así sucesivamente. Obviamente dado que en un momento determinado los recursos existentes son los que son, toda apropiación solo puede realizarse a base de desposeer y empobrecer al resto de la comunidad.
Algunos ya lo veían claro hace tiempo, como demuestra este agudo poemilla de Juan de Iriarte:
El Señor Don Juan de Robres,con caridad sin igual,hizo este santo Hospitaly también hizo a los pobres.
Sin embargo debemos evitar caer en un error clave: pensar que unos sinvergüenzas corrompen el sistema económico. Este argumento es dado en muchas ocasiones para desviar la atención sobre el verdadero culpable. En realidad es justamente al contrario: es el propio sistema económico el que encumbra a toda clase de psicópatas y maleantes. Su propia naturaleza promociona esos comportamientos y los premia con el éxito, o sea, con la riqueza, ya que es ella la que se identifica con el éxito en nuestra sociedad.
Supongamos que de repente cambias toda la dirección de una multinacional y pones a buenas personas al mando; por ejemplo a vosotros, lectores. Si dichas buenas personas insistieran en tomar decisiones tales como dejar de contaminar, financiar hospitales gratuitos, pagar un precio justo a los productores, subir el sueldo a sus trabajadores, reducir la jornada laboral y etcétera, los beneficios caerían inmediatamente en picado, sus acciones se desplomarían y sus competidores comprarían la corporación. Obviamente semejante Dirección no duraría mucho, ya que sería destituida en la primera Junta de Accionistas por fracasar a la hora de conseguir el objetivo primordial de toda empresa: el beneficio económico. La única solución si estos directivos quieren seguir en el puesto es que tomen decisiones que aseguren el máximo beneficio, las cuales obviamente están reñidas con todo lo antes mencionado. Luego con su familia y sus amigos pueden ser encantadores, es algo perfectamente compatible. ¿Los directores de Recursos Humanos son siempre hijos de puta? Por supuesto, porque si no lo fueran no harían bien su trabajo, que no es otro que asegurar que la empresa obtenga su mano de obra al menor coste posible.
Imaginemos ahora a dos empresarios. Uno con la crisis ha decidido asumir pérdidas y mantener a todos sus trabajadores con su sueldo íntegro. El otro ha decidido mantener sus beneficios, para lo cual ha despedido a un tercio de los obreros y le ha bajado el sueldo al resto. ¿Cuál de los dos tiene más posibilidades de sobrevivir en nuestro sistema económico? ¿Está claro, no? El sistema no admite Robin Hoods. Si alguien pretende comportarse como tal, o es devuelto a la senda por las sacrosantas "leyes del mercado", o perece. Respecto del dueño de Zara, que mencionamos en el primer manifiesto de esta serie, hemos de saber que su imperio se fundó sobre la compra a bajo precio de los talleres competidores en su zona previa quiebra de los mismos mediante tácticas desleales.
Resumiendo: nuestro sistema económico lleva la marca del Mal (con mayúscula) grabada a fuego sobre su piel. Todo lo que toca lo corrompe y envilece. La única solución posible es derribarlo y arrancar de la tierra sus raíces.
- Temperaturas - máx: 15º C; mín: -2º C; actual: 8º C.
- Sensación térmica: 7º C.
- Precipitación: 0 mm.
- Estado actual: despejado.
- Crepúsculos - orto: 05:26; ocaso: 21:10; variación: +4:15.
Iván Victorovich.
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