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Como ya hemos dicho el Museo de la Gran Guerra Patriótica se encuentra en la Plaza de Octubre en un edificio feote cuya única seña es el letrero que lo corona. Su sede actual data de 1966 pero el museo en sí abrió en agosto de 1945, solo tres meses después de que el 9 de mayo los alemanes se rindieran ante la Unión Soviética (el día 8 lo habían hecho ante el Reino Unido y Estados Unidos; Berlín había caído el día 2); se daba así por oficialmente acabada la Gran Guerra Patriótica. Sin embargo los últimos grandes combates todavía se extenderían hasta el día 12 contra los restos del Grupo de Ejércitos Centro que defendían Praga y Bohemia; estos pensaban resistir hasta que llegaran las tropas estadounidenses, ignorando que Praga había quedado en la Conferencia de Yalta dentro del área de influencia soviética y que por lo tanto las tropas norteamericanas no iban a cruzar el Elba.
Volviendo al tema, la entrada al museo cuesta 10.000 bielorublos (0,9 euros) y hay que pagar un suplemento de 1.000 más si pretendes hacer fotos. Si tienes tiempo para ello lo mejor es concertar con anticipación una visita guiada en inglés, pues la totalidad de los textos están en ruso y no hay traductores disponibles sin cita previa en el museo, con lo cual nos tuvimos que conformar con la parte gráfica, que es mucha y variada.
Del suplemento de 1.000 bielorublos para poder hacer fotos nos enteramos sobre la marcha, ya que en todo el museo no hay nadie que hable inglés o indicación alguna en dicho idioma. Tras pasar el torno de entrada tienes que girar a la izquierda y ya hay una sala con exposición, así que piensas que la visita ha comenzado. Sin embargo para pasar a la sala siguiente hay una señora en una mesa que te impedirá seguir si no le enseñas la entrada. Es esa señora quien señalándonos las cámaras nos indicó que no podíamos pasar, así que en principio creimos que nos decía que no se podían hacer fotos, lo cual contradecía lo que estábamos viendo al otro lado de la puerta. Finalmente logramos entenderla y volvimos a la taquilla para sacar el suplemento de derechos de imagen, lo cual fue sencillo porque únicamente tuvimos que mostrar las cámaras y señalar la puerta con el dedo.
El museo se divide en varias salas que se dedican a subtemáticas diferentes. Recuerdo salas dedicadas a la ofensiva alemana, los campos de concentración, trabajo y exterminio, los partisanos, las condiciones de vida en territorio enemigo, el esfuerzo de guerra en retaguardia, los héroes de guerra, la Operación Bagratión y la liberación de Bielorrusia.
Por lo visto también hay un patio donde se exhibe todo tipo de armamento pesado soviético utilizado en la Gran Guerra Patriótica, pero de esto me enteré después, asi que me quedé sin verlo y fotografiarlo. Habrá que volver el verano que viene.
En este museo es evidente que impera el criterio soviético, pues la mano de obra parece desproporcionada para las necesidades existentes, o al menos para una mente como la mia deformada por los errados criterios capitalistas. Así, hay una celosa guardesa en cada una de las salas del museo y detrás de la cabina de la entrada se parapetan, no una, sino tres funcionarias. Solo en las áreas expuestas al público trabajaban la tarde en que visitamos el lugar más de 15 personas. Me parece muy bien, no envidio el trabajo de alguien que tiene que pasar 8 horas guardando una sala, pero evidentemente es mucho mejor esto que un 20% de paro; o que un 10%; o que un 1%.
- Temperaturas - máx: 7º C; mín: 0º C; actual: 6º C.
- Sensación térmica: 2º C.
- Precipitación: <1 mm.
- Estado actual:muy nuboso.
- Crepúsculos - orto: 07:56; ocaso: 16:42; variación: +0:35.
Iván Victorovich.
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