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Tras la anexión de casi toda Lituania el Imperio Ruso no hizo tabla rasa, sino que se apoyó en personalidades y leyes locales para regir el territorio. Así se mantuvieron vigentes los Estatutos del Gran Ducado, un código de leyes en vigor desde el Siglo XVI, y cargos importantes en el gobierno local fueron desempeñados por lituanos. En esta época existía la esperanza de algún tipo de reconocimiento de Lituania por parte del Imperio, aunque fuera en forma de estado vasallo.
Administrativamente el Gran Ducado pasó a conformar el Limes Noroeste del Imperio, subdividido a su vez en varias gobernaciones. La extensión y número de estas gobernaciones fue cambiante con los zares, no estableciéndose su configuración definitiva hasta 1843, cuando en el territorio del antiguo Gran Ducado se establecieron las gobernaciones de Vilna, Kaunas, Grodno, Suwalki, Minsk, Mogilev y Vitebsk. Así permanecerían hasta la I Guerra Mundial. En todo caso Vilna conservó siempre la condición de capital de la gobernación a la cual pertenecía.
A partir de 1807 parte del antiguo territorio de Lituania (en concreto el que había pasado a Prusia tras las particiones) se integró en el Ducado de Varsovia, un estado satélite de Francia creado por Napoleón con apoyo de la población local tras su victoria sobre Prusia y Rusia en la Guerra de la Cuarta Coalición. Ese mismo año en los territorios del Ducado se abolió la servidumbre. En 1809 unos pocos territorios más correspondientes a la franja más occidental de Bielorrusia se unieron a este Ducado tras la Guerra de la Quinta Coalición, de nuevo ganada por Francia. En todo caso Vilna, Kaunas y todo el corazón ancestral de Lituania siguieron bajo dominio ruso.
En 1812 la Grande Armée de Napoleón, contando con más de seiscientos mil hombres, entró en la Gobernación de Vilna procedente de Königsberg, cruzó el Nemunas el 23 de junio, ocupó Kaunas el 24 y Vilna el 28 sin encontrar apenas resistencia. La recepción en Lituania fue buena, pues muchos veían al ejército napoleónico como liberador. Este contaba entre sus filas a numerosos polacos y lituanos, bien exiliados a Francia tras las particiones o provenientes del Gran Ducado de Varsovia y conforme avanzaban por el territorio otros se unieron a ellos. Sin embargo las necesidades de aprovisionamiento de tamaño ejército y el bandidaje practicado por desertores, entre los cuales había una alta tasa de españoles, enfriaron las relaciones con el campesinado.
Como sabemos la campaña de Napoleón acabó muy mal, podríamos añadir que por desgracia, puesto que traía ideas mucho más avanzadas que las que imperaban en Rusia, adalid del antiguo régimen junto con Austria-Hungría, Prusia y Gran Bretaña. En su retirada la Grande Armée pasó de nuevo por Vilna el 7 de diciembre reducida a menos de 50.000 hombres tras ser literalmente diezmada por el hambre, las batallas, el agotamiento y las enfermedades. En 2002 se descubrieron cerca de Vilna trincheras utilizadas como tumbas para varios miles de soldados muertos durante la retirada. Sus restos han sido depositados en una fosa común en el cementerio de Antakalnio.
A los zares no les gustó el apoyo recibido por Napoleón en el antiguo territorio del Gran Ducado, así que empezaron las políticas de rusificación, aumentó la represión de elementos discrepantes y las esperanzas de alcanzar algún tipo de reconocimiento por parte de Moscú se desvanecieron.
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| Así quedó el área tras el Congreso de Viena en 1815. Vemos sobreimpresas las fronteras de la Mancomunidad de las Dos Naciones en 1667, tras la Tregua de Andrusovo. Kongreßpolen es el Zarato de Polonia, ahora vasallo ruso. La suma de su territorio más el área azul cielo (que vuelve a Prusia) y el triángulo amarillo alrededor de Cracovia conformaban el Ducado de Polonia que en 1807 se constituyó tras la derrota de Prusia y Rusia por Francia en la Guerra de la Cuarta Coalición. |
En 1815 el Congreso de Viena, que restauró el absolutismo en Europa tras la derrota de Napoleón, rectificó las fronteras del Ducado de Varsovia, que fue renombrado Zarato de Polonia (o Polonia del Congreso) e integrado en Rusia como estado títere. Las tierras lituanas al sur y oeste del Nemunas se mantuvieron dentro de dicho pseudo-estado.
En noviembre de 1829 estalló un motín de las tropas del Zarato contra las autoridades rusas que pronto se convirtió en revuelta general y guerra ruso-polaca en toda regla. Inicialmente no tuvo repercusión en la antigua Lituania pero en 1830 se extendió a dicho territorio y hasta el verano de 1831 hubo numerosas acciones militares abiertas y de guerrilla contra las tropas zaristas.
La superioridad rusa se impuso y en octubre de 1831 tanto Polonia como los rebeldes lituanos fueron vencidos. La última resistencia en las gobernaciones lituanas del Imperio se prolongó no obstante hasta diciembre. El apoyo de Lituania a la rebelión polaca empujó a los zares a una política más represiva y a intensificar la rusificación del área. Así, en 1831 la Universidad de Vilna, que era de las más importantes del Imperio Ruso, fue cerrada y sus bienes confiscados. El Zarato de Polonia fue disuelto en 1832 y sus territorios pasaron del vasallaje a la anexión.
En 1840 los Estatutos del Gran Ducado, que a esas alturas tenían una existencia más nominal que otra cosa, fueron finalmente abolidos por las autoridades rusas.
Durante esta época el fin de la conexión con Varsovia inició el proceso de despolonización cultural de Lituania. En su corazón histórico este vacío no se logró llenar con la rusificación a pesar de los esfuerzos imperiales debido a la resistencia de la población. El vacío cultural fue ocupado cada vez más por rasgos locales que evocaban románticamente (más o menos como hoy en día) los tiempos medievales de un Gran Ducado feliz, independiente y dominante sobre sus vecinos. El idioma lituano, desprestigiado frente al polaco y considerado propio de clases bajas, comenzó a recuperarse en los ambientes cultos. Se puede considerar que es a mediados de este Siglo XIX cuando echa sus raíces el nacionalismo lituano. Este resurgimiento de un sentimiento nacional no afectó a todos los territorios que habían constituido el Gran Ducado; en la actual Bielorrusia la rusificación fue exitosa, favorecida por una población en general más abierta hacia las influencias que venían del este. Aquí el campesinado seguía siendo mayoritariamente de fe ortodoxa y no había rastro de lituano-hablantes.
Estando así las cosas llegamos a 1861, un año de protestas contra las autoridades rusas en las ciudades del corazón de Lituania, donde hubo numerosas manifestaciones y enfrentamientos directos contra las tropas del Zar, destacando los que acontecieron en agosto en Vilna. Rusia acabó declarando el Estado de Emergencia en las gobernaciones de Vilna, Kaunas y Grodno y solo tras una intensa represión se calmó la situación. Esta revuelta fue facilitada por la debilidad de Rusia tras su derrota en la Guerra de Crimea contra una coalición de Francia, Inglaterra, Cerdeña y el Imperio Otomano.
Ese mismo año se abolió en Rusia la servidumbre privada y por lo tanto también en las gobernaciones lituanas. Los siervos dependientes del estado aún tuvieron que esperar hasta 1866 pero obtuvieron mejores condiciones de emancipación que su contraparte privada.
Los sucesos de 1861 catalizaron la formación de dos facciones rebeldes clandestinas y coordinadas en Lituania y Polonia que se identificaron con ambos colores de la bandera polaca. La primera se hizo llamar Los Rojos y agrupaba a obreros, campesinos, bajo clero y la intelectualidad progresista. La segunda se hizo llamar Los Blancos y aunó a terratenientes e industriales liberales, comerciantes y la intelectualidad conservadora.
Estas facciones organizaron una resistencia que estalló en revuelta armada en Polonia en enero de 1863 y en Lituania en febrero. Un gobierno provisional controlado por Los Blancos fue constituido en la clandestinidad. Muchos cargos públicos dimitieron y proclamaron su adhesión al gobierno provisional. En Lituania la resistencia fue especialmente activa en las gobernaciones de Grodno, Vilna y Kaunas. En esta ocasión los revoltosos no contaban con un ejército regular como en 1831 sino que se organizaban en torno a guerrillas, si bien tampoco faltaron enfrentamientos abiertos. Aunque los rusos fueron pillados por sorpresa eran muy superiores en medios y hombres, así que los rebeldes solo pudieron lograr éxitos parciales.
El gobierno provisional polaco-lituano contaba con un levantamiento campesino en Rusia y el apoyo abierto de la Francia de Napoleón III. Sin embargo nada de eso sucedió. Por el contrario a mediados de febrero la Prusia de Bismarck firmó un acuerdo con la Rusia de Alejandro II para colaborar en el aplastamiento de la rebelión. En el fracaso del levantamiento de enero tuvo no poco peso la actitud del primer gobierno provisional, que se resistió a conceder un papel más activo a la facción de Los Rojos y dar cabida a sus reclamaciones. Cuando un segundo gobierno provisional se acercó a las tesis de Los Rojos era tarde; los rusos se adelantaron y garantizaron tierras a los campesinos y su emancipación de la servidumbre en condiciones muy favorables, que habrían querido para sí en el resto del territorio imperial.
Cuando en el verano de 1864 el gobierno provisional es capturado en Varsovia y ejecutado, la rebelión recibió su golpe de gracia. Donde más se prolongó la resistencia fue en la Samogitia lituana, hasta fin de año.
La respuesta de Rusia a esta nueva rebelión fue muy dura. Se prohibió el alfabeto latino y la enseñanza en polaco o lituano, el ruso se impuso como único idioma oficial, se instauró un impuesto por reparaciones de guerra, se confiscaron tierras y se encarceló, ejecutó y deportó a Siberia a mucha gente. Los monasterios y conventos católicos fueron cerrados, se prohibió la construcción de nuevas iglesias y muchas de las existentes se convirtieron al culto ortodoxo, lo cual influyó notablemente en la práctica erradicación del catolicismo en los territorios de la actual Bielorrusia. Los puestos clave de gobierno pasaron a ser desempeñados casi exclusivamente por rusos. Sin embargo por lo dicho en los párrafos anteriores el campesinado resultó favorecido, si bien el objetivo último de esta política fue perjudicar y arruinar a la nobleza lituana.
Una consecuencia lateral del fracaso del levantamiento de enero fue el descrédito de la conexión polaca como medio para la emancipación de Lituania.
La represión rusa inició un círculo vicioso bastante conocido: la intensidad de la misma sobre una población que consideraba justas sus reclamaciones promovió que esta ejercitase en privado los rasgos culturales reprimidos como forma de resistencia, creándose así redes subterráneas de solidaridad articuladas en torno a estas manifestaciones que alimentaban el sentimiento nacional lituano. La ceguera de un zarismo que ya comenzaba a ser anacrónico sembraba las semillas de su destrucción.
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Iván Victorovich.


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