viernes, 18 de mayo de 2012

HISTORIA DE LITUANIA - EL DILUVIO (I).

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Si cuando Ladislao IV Vasa murió hubiera exclamado "¡Después de mí, El Diluvio!" habría pasado a la Historia como un visionario. Efectivamente, entre 1648 y 1667 la Mancomunidad de las Dos Naciones encadenó guerra desastrosa tras guerra desastrosa y a este periodo histórico se le conoce en la zona como "El Diluvio". Pasaron tantas cosas en este periodo que de nuevo me veo obligado a ralentizar mi avance y cubrir solo unos veinte años pues es imposible resumir más. Es más: me voy a animar a detallar este episodio porque creo que lo merece por ser representativo de la Europa de aquella época, sus cambiantes alianzas y las constantes guerras, así que le voy a dedicar nada menos que tres Manifiestos.

Las conflagraciones que se encadenaron fueron: rebelión cosaca (1648 - 1657), invasión de Rusia (1654 - 1667) e invasión de Suecia (1655 - 1660). Notemos que entre 1655 y 1657 los tres conflictos fueron simultáneos.

Este periodo coincidió casi enteramente con el reinado de Juan II Casimiro Vasa (1648-1668), hermano por parte de padre de Ladislao IV Vasa. La biografía de este hombre contiene datos curiosos, como que se hizo jesuita en 1643 y fue nombrado Cardenal por el Papa, puesto al que renunció en 1647 para optar a ser Rey de Polonia y Gran Duque de Lituania, lo cual consiguió en noviembre de 1648. No fue el antes mencionado su único contacto con la púrpura cardenalicia, pues entre 1638 y 1640 estuvo encarcelado en Francia por orden directa de otro cardenal: Richelieu. Esto debería haberle hecho reflexionar sobre si no sería mejor ser cardenal que rey, pero no.

El Diluvio empezó con la rebelión cosaca de enero de 1648. Los cosacos eran un pueblo bien organizado y militarizado que la Mancomunidad necesitaba para su ejército; su infantería ligera había sido providencial en numerosos triunfos polaco-lituanos. Eran profesos cristianos ortodoxos y durante años habían intentado que sus representantes fueran igualados en derechos a los polacos y lituanos dentro de la Mancomunidad, pero habían topado con la intransigencia de la nobleza y sufrido el proselitismo católico de esta y usurpación de tierras. Rebeliones anteriores habían sido duramente reprimidas dejando un fuerte resentimiento hacia Polonia.

La rebelión tenía el terreno abonado y contó con un líder capaz y decidido salido de la nobleza local: Bogdan Jmelñitskiy. La Mancomunidad infravaloró la importancia del levantamiento y envió para sofocarlo ejércitos débiles que fueron aplastados. Cuando cundió la alarma la rebelión ya se había extendido por toda la Ucrania actual y además se había aliado con un levantamiento campesino surgido a su rebufo, con la pequeña nobleza local y, aún más importante, con los tártaros del Janato de Crimea, lo que dotó a su ejército de caballería. Los tártaros vieron una gran oportunidad de debilitar a su enemigo del norte, así que no tuvieron empacho en aliarse con los cosacos que tantas veces los habían saqueado. La nobleza polaca, los judíos (tomados por colaboradores) y los curas católicos fueron ejecutados o expulsados del territorio. Los ejércitos cosacos se movieron entonces hacia el oeste llegando tan lejos como Lviv e infligieron más derrotas a los polaco-lituanos. Jmelñitskiy entró a finales de año como liberador en Kiev en olor de multitudes. Ante las derrotas de los ejércitos polaco-lituanos Jmelñitskiy amplió sus horizontes y se propuso la creación de un estado cosaco independiente, tornándose la revuelta en guerra de liberación. Esta ambición estuvo cerca de convertirse en realidad a mediados de 1649, tras su victoria en la Batalla de Zboriv, que alumbró el Tratado del mismo nombre y que concedía privilegios a los cosacos y la iglesia ortodoxa en lo que hoy en día sería Ucrania y prohibía a los judíos y al ejército de la Mancomunidad entrar en su territorio. Sin embargo en 1650 la iglesia católica rompió la parte del acuerdo que le incumbía y se reanudaron las hostilidades.
He aquí la extensión del estado semi-independiente cosaco que existió brevísimamente en virtud del Tratado de Zboriv desde 1649 hasta 1651, cuando la derrota de Berestechko y el posterior Tratado de Bila Tserkva le pusieron fin.
En junio de 1651 los cosacos sufrieron una terrible derrota de la Batalla de Berestechko (provincia de Volynia), probablemente el mayor enfrentamiento terrestre del Siglo XVII por involucrar a algo más de 200.000 combatientes, de los cuales únicamente 1.600 eran lituanos. La derrota cosaco-tártara fue total y los tártaros supervivientes se llevaron a Bogdan de rehén. Las tropas de Juan II Casimiro sin embargo no pudieron, no quisieron o no supieron aprovechar la victoria y los cosacos se rehicieron. Jmelñitskiy pagó su rescate, recompuso su alianza con los tártaros y volvió a tierras cosacas donde juntó un nuevo ejército que se enfrentó al de la Mancomunidad en septiembre en la Batalla de Bila Tserkva, que acabó en tablas pero alumbró el Tratado homónimo que redujo a la provincia de Kiev las ventajas obtenidas en Zboriv.

Los cosacos quisieron entonces aliarse con Moldavia y su ejército se dirigió hacia allá para convencerlos de las bondades de dicha alianza pero fue interceptado por fuerzas de la Mancomunidad. En la subsiguiente batalla los cosacos y sus aliados tártaros se tomaron la revancha de Berestechko y las tropas polaco-lituanas más entrenadas y experimentadas en batalla fueron masacradas, lo cual tuvo su importancia para lo que se avecinaba. Los acontecimientos posteriores en Moldavia no fueron sin embargo favorables a los cosacos pues con el apoyo de Polonia la nobleza local se rebeló y Jmelñitskiy perdió a su hijo mayor tras una derrota de sus fuerzas.

Jmelñitskiy cayó en la cuenta de que tras el desastre de Berestechko carecía de los medios para conseguir y sostener un estado independiente. Debido a ello decidió aliarse con Rusia como mal menor, con quien tenía bastantes lazos culturales en común, como la religión. En 1653 envió emisarios a Moscú y sus esfuerzos cristalizaron en 1654 con el Tratado de Pereislav, en virtud del cual los cosacos juraron fidelidad a Rusia y le ofrecieron como protectorado la margen izquierda del Dniéper (el tratado no ha sobrevivido y se desconocen sus términos exactos). La guerra entre Polonia-Lituania y Rusia era ahora inevitable. Este acuerdo marcó un punto de inflexión fundamental en la Historia de varios países europeos por sus consecuencias al cabo de los años: Ucrania pasó de la hegemonía católico-polaca a la ortodoxo-rusa, Rusia surgió como potencia en el este de Europa y la Mancomunidad de las Dos Naciones perdió dicha condición. Los cosacos por su parte dejaron de asociarse a los ejércitos polaco-lituanos para formar parte inseparable de la imagen de Rusia.

En julio de 1654 en función del tratado firmado con Jmelñitskiy los ejércitos rusos entraron en el territorio de la Mancomunidad de las Dos Naciones por tres lugares. Debido al fuerte desgaste de los ejércitos de Polonia-Lituania los rusos apoyados por los cosacos progresaron con rapidez en todos los frentes: en el norte tomaron parte de la Livonia polaca; en el centro pusieron sitio a Smolensk, que cayó tras tres meses de asedio y la derrota de un ejército lituano; en el sur tomaron sin mucho esfuerzo la actual Ucrania y avanzaron hacia Volynia.

Los comienzos de 1655 vieron una ligera recuperación de los ejércitos de la Mancomunidad, que hicieron algún progreso en la zona de Smolensk y el Dniéper, pero una ofensiva generalizada rusa acabó con este espejismo. Primero cayó Minsk el 3 de julio; el 31 del mismo mes Vilna, la capital de Lituania, fue conquistada por las tropas ruso-cosacas tras la batalla homónima, siendo saqueada y quemada (era la primera vez que un ejército extranjero lograba tomar por completo la ciudad); en agosto se rindió Kaunas. En general salvo por la Batalla de Vilna las tropas lituanas opusieron escasa resistencia y únicamente algunas plazas concretas aguantaron con éxito. En el sur el ejército conjunto ruso-cosaco llegó hasta Galitzia; perdonaron por el camino Lviv a cambio de un rescate pero llegaron a entrar en Lublin.
Así de mal estaba la Mancomunidad de las Dos Naciones al acabar 1655. En verde oscuro zonas con presencia de tropas rusas y en verde claro zonas con presencia de tropas suecas. Tengamos en cuenta en todo caso que las "ocupaciones" de aquella no eran como en la actualidad, con lo que en las zonas supuestamente controladas por Suecia o Rusia había numerosos hombres en armas e incluso ejércitos leales a Polonia-Lituania. Como vemos solo se libra una pequeña franja al sur de Lviv. En azul grisáceo vemos Brandemburgo, que tomará importancia más adelante.
Mientras tanto en Suecia reinaba el imperialista Carlos X Gustavo que vio cómo los rusos ocupaban con facilidad toda la mitad oeste de la Mancomunidad. A Suecia no le convenía nada que Rusia, su tradicional enemiga, saliese al Báltico; al mismo tiempo se presentaba una oportunidad de sacar provecho de la situación haciéndose con la Prusia Real (Prusia se dividía en dos partes: la Real bajo dominio directo de Polonia y la Ducal, un estado vasallo desde la caída de los caballeros teutónicos). Otra preocupación de Carlos X Gustavo era desactivar las pretensiones de Juan II Casimiro sobre la corona sueca. ¡Qué ironía! Cuando Segismundo III Vasa fue elegido Rey de la Mancomunidad lo fue con las miras puestas a una unión personal con Suecia. Sin embargo lo único que la retahíla de reyes suecos consiguió con sus ambiciones personales fue crear tensiones con el expansionista estado nórdico que degeneraron en guerras cuyo resultado fue siempre desfavorable para Polonia-Lituania.

Por los motivos antes citados entre finales de julio y principios de agosto de 1655 los ejércitos de Suecia entraron en la Mancomunidad provenientes de Livonia y Pomerania (de aquella en manos suecas). Los nobles polacos no opusieron mucha resistencia o directamente se rindieron sin luchar, cuando no aportaron tropas a los invasores. En esta actitud pesó que muchos estaban enfrentados a Juan II Casimiro e incluso habían apoyado hace años a Carlos X Gustavo para el puesto de Rey de Polonia. Los ejércitos suecos atravesaron el territorio de la Mancomunidad con facilidad, ganando algunas pequeñas batallas ante tropas inferiores en número y preparación. En Lituania hubo un abierto colaboracionismo, pues ciertas grandes familias, incluido el Gobernador Militar, se aliaron con Suecia y firmaron en octubre la Unión de Kedainiai, que rompía la unión con Polonia y ponía a Lituania bajo protectorado sueco. En esta decisión pesó no poco la ocupación rusa sobre tres cuartos del territorio lituano, incluyendo la capital. La evolución de los acontecimientos impidió no obstante que este documento llegara a ser efectivo.

En septiembre cayó Varsovia en manos suecas sin lucha, en octubre se exilió Juan II Casimiro a Silesia y en noviembre Cracovia fue ocupada, tras lo cual lo que quedaba del ejército polaco se rindió.

Así pues a finales de 1655 excepto una franja al sur de Lviv así como la propia ciudad y la notable excepción de Danzig en el norte toda la Mancomunidad sufría la presencia de tropas rusas o suecas.
  • Temperaturas - máx: 13º C; mín: 4º C; actual: 10º C.
  • Sensación térmica: 10º C.
  • Precipitación: 1 mm.
  • Estado actual: despejado.
  • Crepúsculos - orto: 04:19; ocaso: 22:12; variación: +3:14.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Iván Victorovich.

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