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Ante el avance sueco por tierras mancomunitarias los nobles prusianos firmaron en noviembre de 1655 una alianza defensiva con Brandemburgo, quien estacionó allí tropas. Federico Guillermo I de Hohenzollern, Príncipe Elector de Brandemburgo, era también Duque de Prusia pero dicho ducado como sabemos era vasallo de Polonia (líos feudales). Tras el éxito de Cracovia el ejército sueco entró en la zona y puso en fuga a las tropas prusiano-brandemburguesas. Federico Guillermo I eligió no luchar y aceptó las nada gravosas condiciones suecas en enero de 1656 (Tratado de Königsberg), las cuales le confirmaban como Duque de Prusia y además le otorgaban el ducado polaco de Ermland a cambio de vasallaje a Suecia por esos territorios, a quien tendría además que apoyar con tropas.
Entretanto las tropas suecas mostraban en territorio polaco una actitud poco caballerosa, cuando no grosera, pues se empeñaban en ofender a la población con saqueos, asesinatos, violaciones y otras actitudes reprobables. Dichos comportamientos junto con las pérdidas económicas que causaban provocaron un levantamiento general contra el ocupante catalizado por las diferencias religiosas, pues los soldados suecos y los mercenarios germanos que los acompañaban eran de religión protestante. Aparecieron entonces guerrillas y sublevaciones, varios nobles importantes firmaron una declaración llamando a resistir y soldados polacos que desde el comienzo de la invasión luchaban al lado de Suecia por indicación de sus señores cambiaron de bando. Juan II Casimiro volvió del exilio en enero apoyado por los tártaros, que preocupados por la entrada de Rusia en la actual Ucrania habían cambiado de bando. Hasta junio varias batallas se decidieron del lado del renacido espíritu de resistencia polaco, ya que en Lituania de momento las cosas seguían tranquilas para Suecia (los rusos preocupaban mucho más). En junio Juan II Casimiro logró recuperar Varsovia tras fuerte lucha.
Julio trajo un importante doble alivio para Polonia-Lituania.
Por un lado Rusia se dio cuenta de que la derrota total de la Mancomunidad y un triunfo de su archienemigo sueco que condujera a su anexión de la Prusia Real iba totalmente en contra de sus intereses; además, estando Suecia ocupada en Polonia surgió la oportunidad de resarcirse de las pérdidas del Tratado de Stolbovo de 1617. Consecuentemente Rusia declaró la guerra a los suecos y atacó Riga y Livonia, al tiempo que detuvo sus ataques en Lituania y el sur de Polonia.
Por otro lado una flota conjunta Danesa y Holandesa rompió el bloqueo naval sueco de Danzig y su guarnición fue reforzada por un contingente de dichos países. Os preguntaréis: ¿y qué pintan estos dos aquí? Pues resulta que Holanda tenía contratos comerciales muy enriquecedores con la próspera Danzig y no le convenía para nada un cambio de manos, mientras que su aliada Dinamarca tenía muchas cuentas pendientes con Suecia desde su derrota en la Guerra de los Treinta Años; debido a ello ambas decidieron enviar ayuda directa a la cuasi ciudad-estado sin declararle la guerra a Suecia o aliarse con la Mancomunidad (de aquella estas cosas eran posibles).
No todo fueron buenas noticias este mes de julio, pues al mismo tiempo que lo anterior, tras la importante Batalla de Varsovia, los suecos apoyados por Brandemburgo recuperaron la capital polaca tras derrotar a un ejército polaco-tártaro. Sin embargo un levantamiento popular les obligó a retirarse al poco tiempo.
Llegado noviembre Rusia oficializó su cambio de estrategia firmando la Tregua de Vilna, que cesó las hostilidades entre ambas naciones e incluyó una declaración de lucha mutua contra Suecia, aunque sin cooperación alguna entre los respectivos ejércitos.
En lo que quedaba de año se sucedieron batallas contra Suecia de pequeña o mediana entidad con suertes desiguales, siendo lo más destacado el levantamiento del sitio de Danzig como consecuencia de la intervención holandesa. En todo caso el estado de sublevación general acabó por exceder la capacidad sueca y al acabar 1656 todo el sur y centro de Polonia estaban liberados con excepción de Cracovia.
El deterioro de la situación llevó a Carlos X Gustavo a reforzar sus alianzas internacionales. Así, en noviembre firmó con Federico Guillermo I el Tratado de Labiau, que a cambio de mayor implicación en la contienda le confirmaba como Duque soberano de Prusia y Ermland, sin vasallaje alguno.
Adicionalmente en diciembre de 1656 y promovido por Carlos X Gustavo se firmó en Transilvania el Tratado de Radnot que dividió la Mancomunidad entre los aliados de Suecia, que en ese momento eran Brandemburgo (recibiría el centro-oeste de Polonia), los cosacos (excluidos del Tratado de Vilna seguían en pie de guerra contra la Mancomunidad y recibirían Ucrania), el lituano Boguslavas Radvila (principal artífice de la Unión de Kedainiai, que recibiría una provincia al sur de Lituania) y ahora también Transilvania, que recibiría el sur de Polonia. Para Suecia quedaría todo lo demás. En enero de 1657 entró un ejército cosaco-transilvano en el sur de Polonia saqueando todo lo que encontraba a su paso. Tras desbaratar en Cracovia el sitio al que la estaban sometiendo los polacos se unieron con los ejércitos de Carlos X Gustavo y esta fuerza brandemburgueso-sueco-transilvano-cosaca empezó a moverse de un lado a otro de la Mancomunidad vigilada por los ejércitos lituano-polaco-tártaros y así pasaron meses sin que hubiera batallas reseñables, salvo la toma de Brest por los suecos en mayo.
Paradójicamente el Tratado de Radnot le vino bien a Polonia-Lituania. Preocupada Austria por la implicación en la guerra de Transilvania, rival suyo directo por el control de Hungría, firmó en mayo de 1657 con Juan II Casimiro el Tratado de Viena, por el cual le proporcionó un ejército a cambio de ciertas concesiones y que corriera a cargo de los gastos. Dicho ejército entró en la Mancomunidad por el sur reconquistando en junio Cracovia y estabilizando la zona. Inmediatamente Dinamarca declaró la guerra a Suecia, pues viendo a su enemigo empantanado en Polonia encontró una buena oportunidad para resarcirse de su derrota en la Guerra de los 30 años y recuperar los territorios perdidos. Viendo atacado su propio territorio los soldados suecos tuvieron que retirarse de la Mancomunidad en julio, dejando atrás solo guarniciones.
En el momento en el que el grueso de las tropas de Carlos X Gustavo se largaron las situación se aclaró mucho para Polonia-Lituania. El ejército cosaco-transilvano no tenía la potencia suficiente como para enfrentarse al multinacional ejército de Juan II Casimiro por sí solo; a finales de julio una parte se rindió tras ser rodeada y la otra fue derrotada en batalla, lo cual obligó a Transilvania a reconsiderar su actitud y abandonar la coalición pro-sueca en desfavorables condiciones.
En el norte, Federico Guillermo I al ver que empezaban a pintar bastos traicionó a Suecia con la mediación de Austria y firmó con la Mancomunidad el Tratado de Wehlau-Bromberg el 6 de noviembre de 1657, que básicamente confirmaba su cambio de bando con la condición de que el Ducado de Prusia pasara a ser propiedad sin vasallajes de la Casa Hohenzollern, aparte de algunas concesiones territoriales en la frontera entre Brandemburgo y Polonia.
Así pues, en este momento historico tenemos a Brandemburgo y Prusia gobernadas por los Hohenzollern separadas por un territorio polaco cuyo centro es la ciudad de Danzig. Bueno, siempre se podría establecer un corredor que comunicase ambos territorios. Se van colocando las piezas de cara a ciertos sucesos en siglos posteriores.
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Iván Victorovich.

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