martes, 8 de mayo de 2012

¿POR QUÉ LA INFLACIÓN?

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Como todo el mundo sabe una de las principales obsesiones de los economistas neoliberales y las instituciones que aplican sus teorías económicas neoclásicas es el control de la inflación. Así, este es el mandato principal del Banco Central Europeo. Al control de la inflación se subyuga todo, incluyendo el bienestar de la población. Se configura así un sistema económico aberrante en el que en vez de ponerse la economía al servicio de los ciudadanos para mejorar su nivel de vida, se sacrifica el bienestar de estos con el fin de "mejorar" unos parámetros cuya evolución a mayores o menores nos dicen que son signos de que la economía va bien o mal, cuando el único parámetro que debería decidir si la economía va bien o mal es si la población vive mejor o peor.

¿Por qué semejante obsesión con la inflación? ¿Por qué si sube es tan negativo? Todos sabemos que con una gran inflación la gente sufre porque los salarios y los ahorros pierden valor (amén de muchas otras cosas que no corresponde tratar aquí) pero... ¿por qué debería preocuparles esto a los economistas neoliberales? ¿Acaso provocar una inflación no sería un método magnífico para bajar los sueldos de hecho, que es lo que vienen defendiendo con independencia de que llueva, nieve o haga sol en una clara elección ideológica que destapa qué intereses representan? Sí, lo sería, pero es que la inflación tiene otro efecto que de ningún modo desean: rebaja la deuda, y la deuda es el negocio y el poder de los bancos. En una sociedad sobre-endeudada como la nuestra habría muchas personas empufadas y sin ahorros a las cuales una inflación desbocada durante un corto tiempo produciría más beneficio que perjuicio.

Vamos a verlo a través de un ejemplo exagerado pero ilustrativo que supone que no se cambian las reglas del contrato a mitad de partido para favorecer a la banca, que también podría ser. Sea un ciudadano con un sueldo decente que ha decidido hacerle un favor a su banco pidiéndole una hipoteca, ya sea porque lo han engañado o porque no le queda otro remedio. Los datos son:
  • Importe de la hipoteca: 150.000,00 €.
  • Tipo de interés (Euribor + 1,5%): 3,0%.
  • Plazo: 25 años.
  • Cuota mensual: 711,32 €.
  • Sueldo neto mensual: 1.500,00 €.
  • Porcentaje de la cuota sobre el sueldo neto: 47,4%.
Para calcular la cuota no he hecho otra cosa que irme a una de las múltiples páginas al efecto que existen en Internet, ya que sinceramente no conozco la fórmula.

Ahora ha pasado un año y resulta que todo sigue igual, incluyendo el sueldo de nuestro esforzado ciudadano, dado que por supuesto se lo han congelado. El Euribor también es muy parecido, aunque ha subido un poquito desde mínimos. Nuestro amigo acude a renovar la hipoteca y esto es lo que se encuentra:
  • Importe pendiente: 141.464,16 € (pagados 12 x 711,32 € = 8.535,84 €).
  • Tipo de interés (Euribor + 1,5%): 4,0%.
  • Plazo restante: 24 años.
  • Cuota mensual: 764,88 €.
  • Sueldo neto mensual: 1.500,00 €.
  • Porcentaje de la cuota sobre el sueldo neto: 50,9%.
Nuestro ciudadano se lamenta:
¡Ay, dios mío! ¡El sueldo congelado y me han subido la cuota más de lo que yo pensaba! Claro, estaba tan bajísimo el Euríbor cuando la contraté...
Pero de repente algo milagroso sucede: justo al día siguiente de la revisión de la hipoteca... ¡se desata una hiperinflación! ¡Los precios comienzan a subir al 50% mensual! O sea: algo que a principios de un mes costaba 10,00 €, a principios del siguiente pasará a costar 15,00 €, a principios del otro 22,50 €, a principios del otro 33,75 € y... ¿cuándo haya pasado un año? Pues costará 1.297,46 € tras una inflación acumulada del 12.875% (es lo que tienen las progresiones exponenciales).

Lógicamente ante semejante incremento de precios las revisiones anuales de salarios no valen, pues en tres meses la gente no podría comprar para comer y todo reventaría. En estas situaciones los salarios pasan a revisarse mensualmente o incluso más a menudo (en casos históricos hasta dos veces al día, con un pago por la mañana y otro por la tarde). Supongamos que en nuestro caso hay una revisión salarial al mes. Al cabo de un año los precios han aumentado casi 130 veces pero a nuestro ciudadano solo le han multiplicado el sueldo por 110 (subida del 48% mensual), lo cual supone la friolera de un 15% de pérdida de poder adquisitivo (en todo caso no tendría por qué haber sido así, podría habérsele revisado el sueldo en consonancia con la inflación, pero vamos a considerar los tiempos que corren). Ahora cobra 1.500 x 110 = 165.000 euros al mes, pero una barra de pan que antes valía 1 Euro ahora cuesta 129,75 €, con lo que con su sueldo puede comprar un 15% menos de barras de pan. Sin embargo cada mes que pasa el peso de la cuota de su hipoteca, invariada, se hace más y más pequeño hasta convertirse en algo diminuto: la última cuota antes de la revisión anual supone 764,88 € / 165.000,00 € = 0,46% del sueldo neto; la cuota de la hipoteca vale ahora menos que seis barras de pan. En resumen: la hiperinflación ha reducido el esfuerzo que supone pagar las cuotas mensuales a algo irrisorio debido a la pérdida de valor del dinero y el aumento del salario, aún cuando este último haya perdido mucho poder adquisitivo.

Pero llega la revisión anual... ¡qué miedo! Lógicamente ahora el Euribor estará mucho más alto, como corresponde a épocas de alta inflación. Supongamos que es del 98,5%, casi el doble que la inflación mensual. La revisión quedará de esta forma:
  • Importe pendiente: 132.285,60 €.
  • Tipo de interés (Euribor + 1,5%): 100%.
  • Plazo restante: 23 años.
  • Cuota mensual: 11.024,00 €.
  • Sueldo neto mensual: 245.000,00 € (165.000,00 € + 50%).
  • Porcentaje de la cuota sobre el sueldo neto: 4,50 %.
¡Sorpresa! La actualización de la cuota no ha tenido nada de terrorífica: el esfuerzo sigue siendo muy bajo. La causa está clara: los 132.285,60 € que constituyen el capital adeudado y que hace un año casi daban para comprarse una casa, ahora no valen nada; llegan como mucho para comprarse un ordenador, y el sistema de revisiones y tipos de interés considerados en el contrato hipotecario no pueden compensar esto. El banco ha perdido su dinero y nuestro ciudadano conserva la casa.

En estos momentos el sueldo de un mes supera de largo el capital adeudado, así que nuestro amigo podría incluso cancelar su hipoteca por adelantado. En todo caso con semejante inflación no le interesa: si espera unos meses más y todo sigue igual podrá cancelarla por lo que le cuesta una barra de pan y pasar así a ser propietario de su vivienda (sí le interesaría si la inflación diera signos de ir a parar).

Así pues, he aquí el porqué principal de la obsesión neoliberal con la inflación: porque destruye el valor de la deuda y la deuda es el negocio y el poder de los bancos. Si ahora hubiera una hiperinflación en España todos sufriríamos, pero de ahí saldría algo positivo: ¡toda la deuda contraída anteriormente a dicha inflación quedaría cancelada de hecho! La inflación elevada es un instrumento indirecto de condonación de deuda.
En este gráfico vemos la evolución de la cuota hipotecaria y el salario de nuestro ciudadano antes y después del mes cero, es decir, aquel en el que se desata la hiperinflación. Como queda de manifiesto ya a partir del cuarto mes desde el suceso la hipoteca deja de ser una preocupación para él. Le va a salir el piso casi gratis.
Este ejemplo que he puesto es extremo y poco recomendable como solución, pero a su modo exagerado ilustra magníficamente el proceso. Al final lo que es seguro es que al subir la inflación por encima de los tipos que se han previsto en los contratos de los préstamos, gana el deudor y pierde el acreedor, cosa que espanta a los neoliberales, de ahí que estén tan obsesionados por controlarla.

Como curiosidad, las hiperinflaciones históricas se han prolongado normalmente durante algo más de un año y la tasa del 50% mensual de incremento de precios que hemos considerado en este Manifiesto ha sido superada de largo por abundantes casos reales. Por ejemplo, la famosa hiperinflación alemana de 1922 duró 16 meses y la tasa promedio mensual de aumento de precios fue del 322%. Protagonizó en todo caso Hungría el ejemplo más extremo con una hiperinflación en 1946 que duró 11 meses y alumbró una tasa mensual media de aumento de precios del 19.800%. Otras hiperinflaciones: Polonia 1923, 13 meses al 81% mensual; Grecia 1944, también trece meses al 365% mensual; Zimbabue 2008 (la segunda más intensa de la historia), al 1.566% mensual de enero a julio.

Considerad lo que supone una inflación mensual del 20.000% como la de Hungría. Lo que a principios del primer mes vale 10, a principios del segundo vale 2.010, a principios del tercero 404.010 y a principios del cuarto 81 millones y pico. O sea: con el dinero con que ahora te tomas un menú del día, hace cuatro meses te habrías comprado más de 300 pisos. La nueva moneda, el Florín, que sustituyó tras la hiperinflación a la antigua, el Pengo, se fijó a un cambio de un Florín igual a cuatrocientos mil cuatrillones de Pengos (4 x 10E29).
  • Temperaturas - máx: 14º C; mín: 1º C; actual: 9º C.
  • Sensación térmica: 9º C.
  • Precipitación: 0 mm.
  • Estado actual: despejado.
  • Crepúsculos - orto: 04:40; ocaso: 21:51; variación: +3:45.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Iván Victorovich.

2 comentarios:

Fanelli dijo...

No tengo ni idea de hipotecas, pero...¿Si actualizaran la cuota de la hipoteca con la misma frecuencia que el salario argumentando medidas excepcionales?.

Iván Victorovich dijo...

Actualizando la cuota mes a mes en la misma medida que los salarios nos quedaríamos igual que antes, pero habría que violar las condiciones de los contratos. En las hiperinflaciones históricas las deudas en moneda local quedaron realmente condonadas. En cualquier caso... ¿quién no se teme cualquier trapacería si esta fantasía sucediese?