miércoles, 2 de mayo de 2012

LA DUNA PARNIDIS.

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Lo primero que me embargó al rendir esta visita fue una sensación de deyabú de ese no exenta de desasosiego. Os pongo a continuación la imagen que motivó dicha sensación y estoy seguro de que mis lectores más avispados sabrán a qué me refiero exactamente.
¿Dónde habré estado yo antes que me recuerde a esta imagen y me dé mal rollo al mismo tiempo?
Supongo que a estas alturas ya sospecharéis que la duna Parnidis no es una duna cualquiera. Se eleva 52 metros sobre el nivel del mar justo al sur de Nida y tiene varias cosas que la hacen especial.

En primer lugar marca el límite entre las dunas muertas y las dunas vivas, es decir, las que están cubiertas con vegetación y quietas y las que están desnudas y se mueven. Al marcar ese límite la vegetación es escasa, lo cual combinado con que se cuenta entre las más altas de la península nos lleva a su segundo atractivo: unas excelentes vistas, sobre todo hacia el sur, donde se divisa toda la franja de dunas móviles y las tierras del enclave ruso de Kaliningrado. Desde aquí se distingue claramente que estamos en una manga porque se ven el Mar Báltico y la Laguna de Curonia al mismo tiempo. Lógicamente la Duna Parnidis también es un balcón sobre Nida y su pequeño puerto.

Hoy en día las dunas vivas se desplazan entre 0,5 y 10 metros al año y al acceder desde Nida a Parnidis se ve claramente como la arena está avanzando sobre el llano litoral, engullendo los árboles que ahí crecen.

En el Siglo XVIII se produjo una gran deforestación en la Península de Curonia debido a la tala masiva de árboles para la guerra y la naciente industria. Tras cortarse los bosques murieron las plantas menores, pues al no estar protegidas del sol se secaron debido a la escasa capacidad del suelo arenoso para retener la humedad y su pobreza en nutrientes. Las dunas quedaron entonces peladas de vegetación y, al fin libres, después de muchos siglos comenzaron a moverse de nuevo a velocidades de hasta 20 metros por año. Como resultado varias aldeas fueron engullidas por la arena. Con el fin de resolver este problema a finales del Siglo XIX se inició un programa de reforestación masiva que consiguió poblar de nuevo la península de bosques y detener a las dunas, salvo en el área al sur de Nida, donde siguen vivas.
Vista al sur (lamento su calidad, pero daba el sol justo de cara). Vemos la Laguna Curonia a la izquierda, el Mar Báltico a la derecha y toda la línea de dunas móviles. Desde la franja boscosa hacia atrás, la madre Rusia (Kaliningrado).
Vista al norte. En este caso el Mar Báltico se ve a la izquierda y la Laguna de Curonia a la derecha. El pueblecito que vemos no es otro que Nida. Como podemos observar, exactamente la misma filosofía que La Manga del Mar Menor.
En la base de la duna se ve claramente que esta avanza, como muy bien podrán atestiguar estos árboles en apuros y denuncia la marcada discontinuidad entre arena y humedal.
Este es el reloj de sol que hay en la cima desde 1995. Según dónde caiga la punta de la sombra en las piedras dispuestas en semicírculos en el suelo, nos informa también de la fecha.
En la zona de Parnidis se pide a los turistas que no se salgan de los caminos marcados con el fin de no influir en el movimiento de estas moles arenosas o perjudicar a las plantas de especies raras que logran crecer en este ambiente tan hostil. Como es lógico aquí también vive una fauna peculiar.

Aparte de las características del paisaje y las vistas, en la cima de la duna hay instalado un reloj-calendario de sol que según sobre la piedra del suelo donde proyecte su sombra te informa tanto de la hora como de la fecha en que te encuentras. En este punto la Laguna de Curonia es lo suficientemente ancha como para que no se vea su otra orilla aún desde lo alto de la duna, así que este reloj ve salir el sol sobre el mar báltico y ponerse sobre las aguas de la laguna, resultando por lo tanto que no se ve afectado por ninguna irregularidad en el horizonte a la hora de hacer su trabajo; coinciden las horas reales de sol que recibe con las teóricas según latitud y longitud.

Desde Nida, pero esta vez al norte, también se puede acceder a la duna de Vecekrugo, la más alta de la península con sus 67 metros, si bien está cubierta de vegetación con lo que ignoro si ofrece buenas vistas. En todo caso se encuentra a unos seis kilómetros con lo que ya estamos hablando de un buen paseo; mejor alquilar una bicicleta.

Yo no tuve tiempo para ese menester porque una vez paseada Nida y visitada la gran duna me dieron las seis de la tarde y había que volver. Influyó no poco en la falta de tiempo el que haciendo gala de la providencial eficiencia hostelera lituana tardaran en de darme de comer una hora y tres cuartos.
  • Temperaturas - máx: 20º C; mín: 4º C; actual: 15º C.
  • Sensación térmica: 15º C.
  • Precipitación: 0 mm.
  • Estado actual: despejado.
  • Crepúsculos - orto: 04:54; ocaso: 21:38; variación: +3:57.
Ceterum censeo Estados Unidos esse delendam.

Iván Victorovich.

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